Las versiones más odiadas de Windows

Marcaron un antes y un después, para mal.

Según datos de StatCounter, a julio de 2018, Windows está instalado en más del 80% de computadoras de todo el mundo. Las versiones más populares son Windows 10 y Windows 7, que copan el 47% y el 39% respectivamente.

Con más de 30 años a sus espaldas, Windows sigue siendo el sistema operativo de escritorio más popular, al menos en lo que a ordenadores domésticos se refiere. Y la popularidad tiene un precio, por lo que es normal que con los años haya recibido críticas y quejas de usuarios y expertos.

En este artículo vamos a repasar brevemente la historia de Windows a través de sus versiones, pero no de las más populares y queridas sino a través de las que supusieron un tropiezo para Microsoft, obligando a sus desarrolladores a lanzar una nueva versión que corrigiera los errores del pasado.

Obviamente, cada uno tenemos nuestras preferencias en cuanto a qué versión de Windows nos ha gustado más o menos, pero en general hay ciertas versiones sobre las que llovieron críticas a granel y que quedarán en la historia como un fracaso más que como un acierto.

Windows 1.0

Empecemos por el principio en este viaje por la historia de Windows. Y por principio me refiero literalmente a la primera versión de Windows, Windows 1.0, que aunque se anunció al público en 1983 no vio la luz hasta 1985 y como Windows 1.01, ya que la primera versión fue desechada.

Y es que los inicios no son fáciles. Por aquel entonces, Microsoft contaba con su sistema operativo en modo texto MS-DOS y su propia versión de UNIX llamada Xenix, caída en el olvido del tiempo, si bien fue DOS la que le dio los primeros años de fama.

La primera versión de Windows en ver la luz fue 1.01. La 1.0 se desechó

Windows 1.0, al igual que las versiones sucesivas, desde 1.01 hasta la 3.11, era una capa de software con interfaz gráfica que corría encima de MS-DOS.

Y en su primera versión era excesivamente lento incluso para la época. A esto había que sumar el exceso de memoria que consumía, obvio si tenemos en cuenta que funcionaban dos sistemas operativos a la vez, MS-DOS y Windows encima. De ahí que, como máximo, pudiéramos ejecutar dos aplicaciones a la vez.

Estos problemas se fueron solventando, pero ni tan siquiera Windows 1.01 se salvó de recibir sucesivas actualizaciones durante 1986 y 1987 hasta lanzar una versión de Windows en condiciones, la 2.1.

Windows ME

Damos un gran salto en la historia de Windows, ya que por suerte, Microsoft logró que Windows 3.1, 1992, tuviera gran popularidad y se convirtiera en prácticamente un estándar. Los más veteranos recordarán con cierta nostalgia el clásico Windows 3.11 de 1993.

En sucesivos años, Microsoft siguió logrando éxito con la rama profesional de Windows, la NT, y con la doméstica Windows 95, que cambiaba radicalmente su aspecto y ofrecía funciones novedosas relacionadas con internet.

Pero tras el éxito de Windows 95 y Windows 98 llegó Windows ME, donde ME es acrónimo de Millenium Edition al lanzarse en septiembre de 2000.

Bonito por fuera, muy inestable por dentro. Fuente: Paul Thurrot

No sabemos si fue la precipitación de lanzar una nueva versión tan pronto, sólo habían pasado dos años desde Windows 98, pero Windows ME venía repleta de errores y problemas de funcionamiento.

Y aunque introducía características muy útiles, como un sistema de copia de seguridad y restauración de archivos, éste también tenía problemas para funcionar en condiciones.

Windows 95 y 98 fueron populares por su pantalla azul de la muerte, pero con ME éstas eran muy constantes tanto por problemas de software como de hardware incluso en tareas tan habituales como apagar o encender el PC.

La guinda del pastel fue que Windows ME coexistió con Windows 2000, la versión profesional de este sistema operativo y heredera de la rama NT.

En Windows 2000 todo eran ventajas, ya que tenía las bondades de 95/98 y de NT. De ahí que la siguiente versión, en 2001, fuera Windows XP, que unificaba las funciones domésticas y profesionales.

Windows Vista

En las últimas dos décadas se han alternado versiones de Windows exitosas con otras más bien lamentables, en parte por la mayor complejidad de cada nueva versión y el poco tiempo que tienen los desarrolladores para solventar problemas.

Es el caso de Windows Vista, sucesor de Windows XP y que se sustituyó dos años después por una versión corregida, Windows 7.

Tras siete años donde Windows XP era el rey, Microsoft finalmente lanzó una nueva versión repleta de cambios y mejoras, como su nuevo escritorio y barra de tareas, un nuevo menú Inicio, pequeñas aplicaciones de escritorio llamadas gadgets y muchas otras mejoras.

Lamentablemente, la historia no recordará Windows Vista por esto sino por las críticas que recibió. En primer lugar, requería un equipo muy potente para ejecutar ciertas características gráficas, lo que limitaba la experiencia de usuario a la mayoría.

Otra crítica tiene que ver con las muchas ediciones en que podías encontrar el mismo sistema operativo. Mientras que Windows XP en un principio estaba disponible en edición Home y Professional, Vista venía en hasta seis sabores diferentes, lo que resultaba confuso para el usuario.

La diferencia entre Home y Business estaba clara, ¿pero entre Business, Enterprise y Ultimate? ¿Y era necesario lanzar dos versiones Home, la Basic y la Premium?

A nivel de seguridad, se introdujo una tecnología que limitaba el acceso a software no permitido por Microsoft, muy práctica en Windows 7 pero que en Vista era más problemática y restrictiva.

Así pues, Windows 7 fue en la práctica un Windows Vista 2.0. Todos recordaremos Windows 7 pero la mayoría de sus funciones y características ya venían en Vista.

Windows 8

Somos animales de costumbres, y aunque por una parte nos gusten las novedades, para según qué cosas preferimos que dejen las cosas como están.

Son decenas los casos de críticas a cambios radicales de aspecto y diseño de aplicaciones y software, y Windows no se ha salvado de esto. Incluso se criticó el aspecto de Windows XP a pesar de que con los años fue un sistema operativo de éxito.

Windows 8, lanzado a finales de 2012, fue una gran revolución en el diseño de escritorio porque el objetivo de Microsoft era fusionar dos dispositivos muy dispares: la tablet y la computadora.

Mientras que Apple, por ejemplo, apuesta por iOS para su iPad y macOS para sus Macs, Microsoft se lanzó a ofrecer un sistema operativo válido para ordenadores y también para tabletas, lo que no tuvo la recepción esperada en un inicio.

Pantalla de Inicio en Windows 8.1

El principal problema fue que Windows 8 venía por defecto diseñado para pantallas táctiles. Pero claro, la mayoría de usuarios que actualizaron a Windows 8 usaban ratón y teclado. De ahí que acciones tan simples como apagar el PC se convirtiera en una odisea al no encontrar la opción en los menús disponibles.

A esto se le unió que muchas de las aplicaciones por defecto, y las que surgieron después, venían diseñadas para entornos móviles o táctiles, con funciones limitadas desde el punto de vista del usuario de escritorio.

En definitiva, Windows 8 fue un campo de pruebas que fue medio perfilado con Windows 8.1, que vio la luz un año después, en 2013, y que se ofrecía de manera gratuita a los usuarios de Windows 8.

Así que la vida útil de Windows 8 y 8.1 ha sido más bien corta. Pronto vino Windows 10 a arreglar los errores de concepto y a aportar una experiencia mejorada tanto para usuarios de tabletas como de computadora.

Hasta aquí las versiones más odiadas y más desastrosas de Windows. Seguramente más de uno habría incluido alguna que otra versión, pero éstas son las más destacables.

En el futuro, quién sabe lo que nos espera. Por ahora, Windows 10 se mantiene con sucesivas actualizaciones que añaden y quitan funciones de una manera un tanto caótica para el usuario medio y que diluyen el concepto de nueva versión disfrazada de actualización obligatoria, para bien o para mal.

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